domingo, 4 de junio de 2017

Razones para ver el futuro con optimismo

Resumen: Las nuevas tecnologías van a abrir las puertas de un futuro tan sorprendente como esperanzador. Hay quien dice que en las próximas dos décadas va a haber más cambios que en los dos milenios transcurridos antes de ahora. Y en términos globales, serán para bien.  

     Según el conjunto de científicos que lideran la marcha de las nuevas tecnologías, el mundo va a cambiar dramáticamente en los dos o tres próximos decenios. En términos globales, para bien, aunque otro día tocará pensar en los riesgos que conllevará esta convulsión que se avecina. Los campos en los que podemos situar los cambios enormes que están por llegar son, fundamentalmente, la nanotecnología, la robótica y el internet de las cosas. Apenas me referiré a las fuentes de donde extraeré la información que iré detallando, para no complicar la lectura de este artículo, que va a ser largo. Pero en la era de Google es fácil seguir la pista de todo lo que aquí se dirá.


     La nanotecnología es una tecnología que se dedica al diseño y manipulación de la materia en el nivel de los átomos y las moléculas, con fines industriales o médicos, entre otros. La tecnología actual es capaz de crear máquinas de un tamaño tal que solo son visibles a través de potentes microscopios. El reto más importante en este ámbito microcósmico era el de crear una maquinaria médica capaz de funcionar en el interior de nuestra corriente sanguínea. De lo que se trataba era de trabajar con el cuerpo humano a la escala de la célula. La unidad de medida en ese ámbito había de ser el nanómetro, que es un millón de veces más pequeño que el milímetro (mil millones de veces más pequeño que un metro), ligeramente más grande que un átomo. En nanomedicina, efectivamente, se consigue introducir ya en el cuerpo, por medio de cápsulas ingeridas oralmente, nanoexploradores o robots miniaturizados que se esparcen por todo el cuerpo. Utilizando esa tecnología, cuando esté definitivamente operativa, será posible detectar, diagnosticar y tratar las enfermedades. Lo fundamental es que estas se descubrirán en sus fases previas, antes de que se hayan convertido realmente en enfermedad. La píldora ingerida contendrá millones de máquinas microscópicas, minúsculos robots que patrullarán dentro del organismo en busca de la enfermedad en sus primeras etapas. Su tamaño será similar al de las células vivas. La nanotecnología nos permitirá acceder a la parte específica de la célula donde se origina el problema. Algunos de esos microrrobots tendrán pequeñas antenas que identificarán a los microorganismos invasores, los descompondrán y los expulsarán. La peor infección podría controlarse en una hora. Los científicos ya han logrado realizar esta tecnología en el laboratorio, y solo está a falta de ser llevadaa la práctica clínica.


     Entre otras cosas, con esta tecnología será posible interactuar con el ADN de nuestras células, el ácido desoxirribonucleico, proteína compleja que se encuentra en el núcleo de las células y que constituye el principal componente del material genético de los seres vivos. El ADN es una espiral de unos 5 nanómetros de diámetro. Con las nuevas tecnologías será posible actuar sobre el ADN y corregir los tramos deficientes del mismo, aquellos en los que radica la enfermedad cuando tiene un origen genético. En otro de los ramales abiertos por esta tecnología, será posible introducir en el organismo millones de partículas capaces de identificar células cancerígenas con toda rapidez; esas partículas enviarán una señal de aviso de la presencia del cáncer, y simultáneamente destruirán las células cancerosas sin afectar lo más mínimo a las células sanas que haya alrededor. Las partículas en cuestión se llaman “puntos cuánticos”. Estos puntos recorren todo el cuerpo, y cuando encuentran lo que buscan, empiezan a juntarse. Al enfocarlos con una luz especial desde fuera del cuerpo devuelven una señal visual, brillando intensamente a través de la piel y coloreándola; esa luz, que se emitirá entonces desde el interior de una célula, es el indicio de la presencia de cáncer. El destello de luz que desde fuera se proyectará sobre el cuerpo y que servirá de desencadenante a la reacción luminosa desde el interior de las células, no constituirá una técnica invasiva, como hoy son, por ejemplo, los rayos X. Otros productos de la nanotecnología son los dendrímeros, que al recibir una señal luminosa como la antes citada, penetran en la célula para liberar una dosis de medicamento en el exacto lugar elegido. Una función más de las nanomáquinas será reconstruir tejidos óseos (afectados por la osteoporosis) y musculares, y en conjunto, conservar la salud en general.


     Cada vez somos más diestros los humanos a la hora de conectar maquinaria a nuestros cuerpos. En la nueva era nanotecnológica, se podrán construir máquinas microscópicas autogeneradoras de energía que, aun siendo artificiales, incorporarán muchas de las propiedades de la vida; de esta forma, por ejemplo, un deficiente auditivo, en lugar de llevar un audífono en el oído conectado a una batería, podrá llevar una micromáquina que se insertará en el oído, y será alimentada por la propia fisiología de la vida. El mecanismo se integrará plenamente en nuestro ciclo vital. Será un oído artificial, denominado implante cloquear, conectado directamente con nuestro sistema nervioso y alimentado directamente no por baterías, sino directamente por nuestro cuerpo, y además podrá ser reparado por la propia naturaleza cuando alguno de sus componentes se averíe. Consiste este oído artificial en un micrófono externo que digitaliza una señal sónica y la transmite directamente al nervio auditivo, sin la mediación del sistema auditivo natural dañado. Algo parecido ocurrirá con micromáquinas directamente integradas en nuestros ojos, de forma que una retina artificial llegará a funcionar de manera similar a la verdadera. El implante retinal (la nano retina) digitalizará una señal procedente de una cámara y la mandará a través de una red de electrodos conectados al nervio óptico, situado en la parte posterior del ojo.  Se trata de una nanomáquina que conectará directamente el mundo exterior con nuestro cerebro. En este campo, la investigación en humanos acaba de comenzar, aunque desde la compañía Bio-Retina, empresa conjunta de Zyvex Labs de Texas, Estados Unidos, y Rainbow Medical, una compañía israelí, auguran buenos resultados, sobre todo porque al ser el chip a introducir en el ojo de pequeño tamaño, la inserción resulta ser fácil. La operación también es relativamente sencilla y se tarda menos de media hora en llevar a cabo, con anestesia local. Es, pues, una solución para que los ciegos puedan ver, aunque de momento solo en blanco y negro y con una resolución baja.


     Estamos, pues, asistiendo al nacimiento de una nueva era en la que los elementos internos de nuestro cuerpo serán completamente reparables. La nanociencia procurará una protección sin precedentes casi contra cualquier enfermedad. Y no después de esperar turno en una larga lista de espera, sino en el acto. Lo que viene será una atención médica de primera calidad 24 horas al día. Los nanomédicos estarán noche y día cuidando de nuestro cuerpo. El médico activará la nanomedicina previamente introducida en nuestro organismo y, mediante un escáner colocado en nuestra muñeca como un reloj, sabremos si el tratamiento activado en la consulta está funcionando.


     Como parte de los cambios que desencadenará la nanotecnología, y que se anuncian para un futuro inmediato, algunos van aún más allá de todo lo dicho: el proceso natural de envejecimiento de nuestro cuerpo podrá interrumpirse, de modo que será posible disfrutar de una vida más larga y saludable. Esta técnica será posible aplicarla en unas tres décadas; hay quien dice que en menos. El ingeniero y profesor fundador de la Singularity University en Silicon Valley, el inglés Geoffrey Hinton, asegura incluso que el envejecimiento “será una enfermedad curable”. Hinton está detrás de inventos como el coche autónomo, los traductores virtuales, el reconocimiento de voz, el predictor de palabras… Las células madre van a permitir agregar treinta o cuarenta años a la vida de las personas, rejuveneciendo a su vez tejidos y órganos. La clave está en correlacionar la secuencia genética del genoma con las enfermedades e intervenir sobre esa secuencia en el punto en el que radique la enfermedad o, en general, el proceso degenerativo. Gracias a la regeneración celular, además, podremos reconstruir órganos que estén dañados a partir de células madre del propio sujeto afectado. Hablamos de que una persona que, por ejemplo, haya perdido un riñón podrá tener uno nuevo creado a partir de sus propias células, con lo que las listas de espera terminarán y los trasplantes no serán necesarios, acabando con los rechazos de órganos y con operaciones complicadas que suponen un riesgo enorme para la persona que recibe el órgano. Al igual que con el riñón sucederá con el corazón, con los ojos o con la médula espinal, es decir, que los seres humanos, cuando estas investigaciones médicas hoy incipientes lleguen a la práctica clínica, podremos reponer nuestros órganos y tejidos a medida que envejezcan o enfermen.

     La investigación con las células madre partió de la constatación de algo que ya ocurría en el reino animal: un animal como la salamandra puede regenerar partes de su cuerpo como las extremidades, el corazón, la cola, tejidos de ojo, riñón, cerebro y médula espinal durante toda la vida. Los humanos, en cambio, cuando se daña un tejido, formamos cicatrices. La investigación señalada apuntó hacia la instauración de células madre que contengan la información necesaria para conseguir dirigirlas a tomar parte en la regeneración, y no ya en la mera cicatrización. Esto supondría adquirir la capacidad de interrumpir y reparar las enfermedades degenerativas, de modo que la degeneración y el envejecimiento que es consustancial a la vida tarde en aparecer varias décadas más de lo que hoy lo hace.


     Los científicos John B. Gurdon (inglés) y Shinya Yamanaka (japonés) fueron quienes abrieron brecha en este campo de investigación, y consiguieron el premio Nobel de Medicina en 2012 por sus descubrimientos sobre reprogramación celular. El primero fue el precursor; el segundo descubrió cómo, sorprendentemente, mediante la introducción de sólo unos pocos genes, se podía reprogramar en ratones células maduras para convertirlas en células madre pluripotentes, es decir, células inmaduras, previas a la especialización, las cuales, partiendo de ese estado de inmadurez, podrán ser asignadas a alguna función específica del organismo, es decir, que serán capaces de convertirse en cualquier tipo de células especializadas en el cuerpo. En suma, se podrán reprogramar, por ejemplo, las células ya especializadas de un riñón enfermo y convertir células embrionarias en nuevas células sanas de ese riñón. El primer experimento de este tipo realizado con seres humanos se realizó en una fecha tan cercana como 2008. Para resultar operativos en la práctica, estos avances no habrán de esperar demasiado tiempo, solo unas pocas décadas. Por otro lado, y complementariamente, la manipulación genética permitirá también recortar los trozos de gen en los que tengan su raíz malformaciones o enfermedades potenciales y sustituirlos por tramos de gen sanos. Eventualmente, la manipulación genética podrá ponerse también al servicio, no ya de la curación de enfermedades, sino de la mejora de las potencialidades del hombre.

     En general, la robótica, la biología sintética, los drones, las impresoras 3D, las nuevas maneras de hacer negocios y comerciar... nos están indicando que caminamos hacia un mundo lleno de sensores, el elemento clave de estos avances. Los robots que a partir de ellos irán apareciendo se incorporarán a aspectos de nuestra vida tales como el cuidado de personas mayores y enfermos; veremos inteligencia artificial ayudándonos en los hospitales, por ejemplo, haciendo análisis y diagnósticos, y robots ayudando a estudiar a nuestros niños, haciendo de tutores personalizados. En pocos años, habrá también robots que permitirán captar, por ejemplo a las dos de la madrugada, la tos de nuestro bebé, y el aparato detectará si en esa tos hay bacterias o no, analizará las muestras de saliva, de orina, de sangre… En fin, podrá el robot realizar un diagnóstico mejor de lo que lo haría cualquier médico o grupo de médicos. Y este tipo de robots estará disponible en remotas aldeas donde no hay doctores a los que recurrir en muchos kilómetros a la redonda. En esta línea, muy pronto los ordenadores serán capaces de mejorar a los radiólogos en la lectura de los TACs, las resonancias magnéticas y las radiografías. Los ordenadores podrán también descubrir patrones en los síntomas que muestren los pacientes. La prescripción de medicamentos se hará asimismo de forma mucho más depurada. Llevaremos con nosotros sensores que nos dirán cuál es nuestro nivel de glucosa o de colesterol, nuestra presión sanguínea o nuestro riesgo de sufrir un infarto. He aquí un síntoma concreto de estos avances sobre el que no se tiene la suficiente conciencia: estamos ganándole la batalla al dolor. Hace cien años prácticamente no existía la anestesia; no hace tanto que para sacar una muela había que hacerlo en vivo.

     Ampliemos el abanico de nuestra descripción de los avances que prometen las nuevas tecnologías: hace unos años la empresa IBM concibió un ordenador  que llamó Watson y que ocupa el espacio de tres cajas de pizza. Cualquiera que tenga un teléfono inteligente podrá preguntarle a Watson desde cosas como dónde podría invertir sus ahorros para hacerlos más rentables o más seguros hasta, explicándole los síntomas que uno tiene, conseguir que Watson deduzca qué enfermedad se puede tener.

     Las impresoras 3D, por su parte, permitirán reproducir cualquier cosa, desde un pastel a un vestido o un bolso que se haya fabricado en la otra punta del mundo. O incluso reproducirán tejido humano. Una impresora 3D es una máquina capaz de realizar réplicas de diseños en tres dimensiones, creando piezas a partir de uno hecho previamente por ordenador, descargado de internet o recogido a partir de un escáner 3D. Partiendo, pues, de archivos diseñados en dos dimensiones, tales impresoras consiguen producir objetos tridimensionales. En la actualidad se está extendiendo su uso en la fabricación de todo tipo de objetos, modelos para vaciado, piezas complicadas, alimentos, prótesis médicas (ya que la impresión 3D permite adaptar cada pieza fabricada a las características exactas de cada paciente), etc. Una de las grandes ventajas que ha ofrecido la creación de prótesis es que las instrucciones a seguir para crear una son públicas en Internet. Así, cualquiera puede acceder a ello y no supone un sobrecoste ni económico ni de conocimiento.


     También, como decíamos, ha tenido lugar ya con estas impresoras la primera creación de un material con propiedades parecidas a las del tejido humano. De esta forma, en marzo de 2014 se le reconstruyó el rostro a un joven que había sufrido un accidente de moto. Gracias a las nuevas tecnologías de modelado en 3D, los médicos realizaron una recreación de su cráneo antes del accidente, seleccionaron las partes a reemplazar y, tomando células como materia prima, se imprimieron en 3D, implantando el tejido resultante mediante una operación. Así, han podido reconstruirle a este joven todo el rostro, lo cual le ha permitido llevar una vida relativamente normal. Por otro lado, un grupo de médicos de la Universidad de Pekín imprimió una vértebra, siendo éste el primer caso en este sentido. Se la implantaron con éxito a un niño de 12 años en una operación de 5 horas, después de retirarle la suya que contenía un tumor maligno. También se han utilizado ya las impresoras 3D para crear órganos. En ellas, como decimos, se usan células vivas como material para imprimir. A partir de éstas, y conjugando esta técnica con la de las células madre, es posible generar un órgano para implantárselo a una persona. Es uno de los objetivos más esperados, ya que hay enormes colas de espera para que las personas que necesitan un trasplante de órgano lo reciban, y a diario mueren varias de ellas debido a la espera demasiado larga. Existen varios grupos estudiando la creación de distintos órganos, siendo el corazón el gran objetivo. De momento, hay un grupo de ingenieros de la Universidad de Connecticut que ha creado riñones artificiales. Su objetivo es que estos órganos sean trasplantados a seres humanos y tengan las mismas funcionalidades que un riñón natural, y parece que no falta mucho para alcanzar esta meta.

     El gran problema con el que se topa el desarrollo de las nuevas tecnologías es el de la posible insuficiencia de las fuentes de energía, así como el de la contaminación a la que su uso suele abocar. Estamos, sin embargo, rodeados de energía solar. Esa energía es 5.000 veces mayor de la que empleamos en todo el planeta. Y se está desarrollando la tecnología para el aprovechamiento de la energía solar a un ritmo de un 30% al año. Al mismo tiempo el coste de esa energía se está reduciendo a un gran ritmo: hoy es mil veces más barato producir energía solar de lo que lo era hace veinte años. Probablemente estamos a tan solo quince años de que Estados Unidos, que es el país pionero en esta investigación, se abastezca en un 50% de energía solar para sus necesidades de consumo energético. Y hay muchos países que, por su posición geográfica, reciben más energía solar que Estados Unidos y que, por tanto, podrán aprovechar mejor esta tecnología.

     El caso es que puede que ni lleguemos a necesitar de la energía producida en los paneles solares. Dice Rafael Rebolo, actual director del Instituto Astrofísico de Canarias, que en el plazo de una década o década y media será posible llevar a culminación la técnica de la fusión nuclear, en cuya consecución trabajan hoy miles de científicos. Se trataría de conseguir imitar al sol en la producción de energía por medio de la fusión de átomos de hidrógeno. Hay hoy un gran consorcio de países trabajando en la técnica que ha de conseguir reproducir este proceso. Lograrlo significaría que el hombre tendría a su alcance la producción de energía limpia, barata e inagotable. El gran experimento que está detrás de esta investigación se está llevando a cabo en el sur de Francia, donde está la sede central del proyecto Iter (International Thermonuclear Experimental Reactor), donde científicos de muchos países están tratando de alcanzar este proceso de fusión nuclear, que no genera residuos radiactivos y del que su materia prima es el hidrógeno, que existe en cantidades inconmensurables en los océanos (aparte de que se necesitan pequeñas cantidades del mismo). Este sería seguramente el gran salto que serviría de punta de lanza a la evolución de la humanidad en el inmediato tiempo futuro.

     Sigamos enumerando avances tecnológicos sobre los que sostener nuestra optimista visión del futuro. Estamos a pocos años de que se generalicen los vehículos autodirigidos, que no necesitarán conductor y podrán, sin embargo, circular a gran velocidad, sin riesgo de producir accidentes. Tendrán sensores laser en su parte superior que podrán detectar todo lo que hay en su entorno a cien metros de distancia y reaccionarán ante cualquier eventualidad de una manera que no le sería posible a un conductor de carne y hueso. Registrarán información a una velocidad de 17.000 megabytes por segundo. Se visualizará absolutamente todo lo que resulte relevante para que el coche realice su marcha. Puesto que no habrá accidentes, no se necesitará asegurar los coches. Tampoco se tendrá que ser propietario de ninguno de ellos: se podrá solicitar uno a cualquier hora. No habrá problemas de aparcamiento; hoy, por el contrario, el tiempo dedicado a intentar aparcar en el centro de las ciudades supone el 30% del tiempo total de circulación. En ese futuro cercano, el coche irá solo a aparcar en lugares designados en zonas no habitadas (en el centro de las ciudades se dispondrá de los espacios hoy dedicados a aparcamiento para otros menesteres).


     Uno de los problemas más graves que todavía tiene la humanidad es el de la falta de agua. A día de hoy, hay mil millones de personas en el mundo que no tienen acceso a agua potable y mil seiscientos millones que no tienen servicios sanitarios. Sin embargo, el agua potable del que hoy hace uso la humanidad es solo el 0,5% del agua total del planeta. Y ya están en marcha tecnologías extraordinarias que van a permitir potabilizar una gran cantidad de ese otro 99,5% de agua. Peter Diamandis, biólogo, ingeniero y médico, uno de los grandes innovadores de Silicon Valley, destacado por la revista Fortune como una de las cincuenta personas más influyentes del mundo, informa de que uno de sus colaboradores, Dean Kamen, ha inventado una máquina potabilizadora que ha denominado Slingshot (https://es.wikipedia.org/wiki/Dean_Kamen ). La versión actual de Slingshot, del tamaño de una nevera de hotel, es capaz de purificar mil litros de agua al día usando la misma cantidad de energía que necesita una secadora, a dos centavos el litro. El agua entrante puede proceder de cualquier origen, incluso una letrina, y salir con una pureza que perfectamente podría inyectarse en el cuerpo humano. El aparato cuesta 2.500 dólares. La tecnología permitirá que esa agua depurada sea pronto de libre acceso a todos. Buena noticia para el tercer mundo.


     Pero además del problema del agua, persiste el de la producción de alimentos, máxime teniendo en cuenta que la población humana aún crecerá durante alguna década. También la tecnología ha dado con una posible solución: la producción de carne in vitro. La carne artificial o carne cultivada, también conocida como carne in vitro, es aquella carne animal que no proviene directamente del cuerpo de un animal (el tejido muscular como tal, el que habrá de servir de alimento, nunca ha formado parte propiamente de un animal); proviene en realidad del cultivo de las células musculares extraídas previamente de animales. El proceso de generar carne in vitro implica tomar células musculares y aplicar una proteína que ayuda a las células a crecer hasta formar grandes porciones de carne. Tras obtener las primeras células desde las que se iniciará el proceso, ya no se necesitarán más animales. No se trata de  ingeniería genética que cambie la forma de las células, sino que estas son células naturales creciendo de forma normal. El primer tejido animal comestible fue producido por el NSR/Touro Applied BioScience Research Consortium en 2000: células de carpa dorada cultivadas para parecerse a filetes de pescado. En noviembre de 2009, científicos de los Países Bajos anunciaron que habían logrado cultivar carne en el laboratorio usando células de un cerdo vivo. Cualquier tejido muscular animal puede potencialmente cultivarse a través de un proceso in vitro. Unos pocos científicos afirman que esta tecnología está lista para uso comercial y simplemente necesita que una compañía lo respalde. La carne cultivada es actualmente prohibitivamente cara, pero se calcula que el coste puede bajar en poco tiempo hasta aproximadamente el doble del pollo producido convencionalmente. El objetivo es producir una carne más sana que la convencional, la cual es demasiado rica en grasas saturadas, produce hipercolesterolemia y otros problemas de salud como enfermedades coronarias y obesidad. La carne originada de esta forma tampoco tendrá residuos de pesticidas ni hormonas, no contendrá carga bacteriana significativa ni producirá enfermedades como la denominada “vaca loca”. El inicial rechazo del consumidor ante algo tan innovador tendrá el contrapeso que supone saber cómo hoy a los pollos, por ejemplo, se los cría amontonados, con luz artificial y buenas dosis de antibióticos. Si lo natural es el objetivo, podemos preguntar: ¿cuánto tiene de natural la producción actual de carne? La revista Time ha sugerido que el proceso de producción de carne cultivada también puede disminuir la exposición de la carne a las bacterias y las enfermedades. Por otro lado, con la producción de carne in vitro y la consiguiente reducción de ganado animal se lograría reducir drásticamente la producción de gases con efecto invernadero, que tienen su origen principal en el ganado animal, más, según un informe de la ONU, que el producido por el transporte en general. Asimismo, el ahorro de agua y de tierras de cultivo, hoy necesarias para la producción de ganado, sería enorme. En las nuevas fábricas de carne, los tejidos musculares se desarrollarán en tanques de gran tamaño (biorreactores) en los cuales la carne crecerá durante semanas en un medio de cultivo adecuado. Según algunos de los investigadores existentes en este campo, ciertos tipos de carne cultivada de esta manera, como salchichas, hamburguesas o nuggets de pollo, pueden estar comercialmente disponible en algunos años.


     Queda todavía alguna buena noticia que comentar: en los últimos veinte años ha habido más gente que haya salido de la pobreza que en toda la historia anterior de la humanidad. Vamos avanzando hacia un mundo sin pobreza extrema. En todo el mundo se ha reducido a la mitad en las tres últimas décadas. Entre 1930 y comienzos del siglo XXI, el PIB por habitante en los países más avanzados creció entre cinco y seis veces. En China, epicentro del milagro económico más reciente, únicamente entre 1980 y 2010 la riqueza per cápita ha pasado de 300 a 4.500 dólares; es decir, se ha multiplicado por quince en apenas tres décadas. Por otro lado, es cierto que las nuevas tecnologías son usadas en primer lugar por la gente que tiene más capacidad adquisitiva, pero también lo es que eso abre la puerta a que posteriormente sean el resto de las capas sociales las que tengan acceso a esas tecnologías. Tenemos el ejemplo de los teléfonos móviles: los primeros que se lanzaron al mercado, en los años 80, solo estaban al alcance de los más ricos. Hoy ya hay mil millones de teléfonos móviles en África, en las zonas más pobres del mundo. Un habitante de una aldea africana, si tiene un móvil, tiene acceso a más información de la que tenía el presidente de Estados Unidos hace veinticinco años. Esa persona puede llevar en el bolsillo un aparato que, además de servirle para comunicarse casi sin coste con cualquier otra persona del mundo, tiene integrados en él una videocámara, una cámara de fotos, una inmensa biblioteca, un GPS, posibilidad de videoconferencia, de compras online… Está en marcha, y es un ejemplo más, una aplicación de Android, accesible, pues, en cualquier punto del planeta, que puede hacer que cualquier niño en cualquier parte del mundo, especialmente las de difícil acceso para cualquier medio de enseñanza, aprenda a leer y a escribir en dieciocho meses; gratis, por supuesto. En el año 2010 teníamos 2.000 millones de personas conectadas por internet; en el año 2020 serán cinco mil millones de personas.

     Respecto de la violencia en el mundo, hoy muere más gente por suicidio que por homicidios o por guerras. Steven Pinker ha demostrado que la violencia en la sociedad ha ido disminuyendo claramente a lo largo de la historia, hasta llegar al momento actual, en el que disfrutamos de más paz que nunca hasta ahora. La razón de que las guerras hayan disminuido es que han perdido vigencia las razones que tradicionalmente conducían a las guerras. Estas se producían fundamentalmente porque los países que las protagonizaban querían ampliar su poderío económico: se invadían otros territorios para adquirir control sobre las materias primas o terrenos fértiles o que permitieran el acceso a vías de comunicación. Sin embargo, hoy en día la naturaleza de la economía ha cambiado: ya no depende tanto de los recursos materiales como de los intelectuales y científicos. Actualmente el conocimiento es el recurso económico más importante, y nadie puede apropiarse de él invadiendo, por ejemplo, Silicon Valley. La ciencia no se puede conquistar por la fuerza. Hoy la guerra ha quedado reducida a zonas geográficas en las que la riqueza todavía se rige por las valoraciones antiguas, donde todavía están en disputa las materias primas; pero en la mayor parte del mundo la guerra ha perdido su sentido económico.

     En resumen: este es un tiempo extraordinario para estar vivos. Y mucho más lo será para nuestros hijos y nietos.